CHIME mide el hidrógeno cósmico sin mapas de galaxias: paso clave para la energía oscura
Un equipo internacional ha mejorado el software de CHIME para medir el hidrógeno neutro directamente, sin catálogos de galaxias. Podría ayudar a entender la energía oscura.

Un equipo internacional de científicos ha demostrado que el experimento canadiense CHIME (Canadian Hydrogen Intensity Mapping Experiment) puede medir directamente la emisión de hidrógeno neutro del Universo, sin contrastar sus datos con mapas de galaxias. El resultado, recogido en dos estudios publicados recientemente, es un paso clave para entender la energía oscura, a la que se atribuye la aceleración de la expansión cósmica.
Un método hasta ahora caro
CHIME registra la señal acumulada de hidrógeno procedente de distintas direcciones y distancias. Una señal intensa sugiere muchas galaxias; una débil, pocas. Pero el instrumento también capta interferencias de la Tierra y el ruido de fondo de la Vía Láctea. Para confirmar que realmente localizaba galaxias, había que comparar los datos con mapas de otros telescopios, algo muy costoso. Los autores modificaron el software para evitar ese paso.
Por qué el hidrógeno
Unos 380.000 años después del Big Bang, la materia se enfrió lo suficiente para que las ondas de presión que viajaban por el gas denso y caliente se quedaran «congeladas». Dejaron una huella de unos 500 millones de años luz en la que es más probable encontrar materia agrupada. Seguir cómo cambia el tamaño aparente de esa huella con la distancia revela cómo se expande el Universo y qué energía lo impulsa. Como la materia agrupada contiene mucho hidrógeno, medirlo es la mejor forma de rastrearla.
Lo que viene
El equipo analizó 94 noches de observación de CHIME de 2019 y obtuvo resultados coherentes con el modelo cosmológico estándar, lo que indica que el método funciona. Aun así, no basta para estudiar la evolución de la energía oscura. Los científicos esperan hacerlo con los siete años de datos de que disponen.
Barajan tres escenarios: expansión eterna, un big rip, en el que una energía oscura cada vez más intensa desgarraría cúmulos, galaxias, estrellas, planetas y, al final, átomos, o un big crunch, en el que se debilitaría y el Universo colapsaría. Por ahora no se puede saber cuál ocurrirá, pero el nuevo método ofrece una vía más barata para averiguarlo.
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