Centros de datos en Japón: un estudio no halla calor extra en su entorno
Un análisis con 13 años de datos satelitales de 12 centros de datos japoneses halló menor temperatura de superficie diurna tras su construcción.

Con el auge de la IA, los centros de datos se multiplican por el mundo. Sus servidores funcionan las 24 horas y los sistemas de refrigeración liberan calor. ¿Calientan por ello las ciudades cercanas? Un nuevo estudio realizado en Japón ofrece una respuesta distinta a la esperada.
La investigación, publicada en la revista Environmental Research Letters, analizó 12 centros de datos, entre ellos instalaciones en Inzai (prefectura de Chiba) y en la zona de Tama, en Tokio. Con datos satelitales de 2013 a 2026, comparó las temperaturas antes de la construcción y tras la puesta en marcha.
En las instalaciones centrales del análisis, y descontando la evolución de la temperatura en zonas de comparación, la temperatura de superficie diurna fue entre 1,8 y 2,2 °C menor tras la entrada en funcionamiento. Los autores lo atribuyen a los tejados, que reflejan más luz solar que las tierras de cultivo o los solares vacíos que ocupaban antes, de modo que la superficie se calienta menos.
La noche y los estudios previos
De noche, sin el sol que enmascare el calor de los servidores, el efecto podría ser mayor. Sin embargo, en áreas de unos pocos kilómetros donde se agrupan varias de las instalaciones estudiadas, el aumento nocturno de la temperatura de superficie fue pequeño.
Un estudio anterior había señalado un aumento medio de unos 2 °C en la temperatura de superficie hasta 10 km alrededor de centros de datos. El nuevo trabajo estima que provocar un alza así solo con el calor residual de los servidores requeriría entre 6 y 43 veces el calor que las instalaciones pueden liberar realmente. Por tanto, resulta difícil explicar un aumento tan extenso únicamente con esa fuente.
Lo que el estudio no demuestra
No prueba que los centros de datos no calienten su entorno. Los satélites miden la temperatura de superficies como el suelo y los tejados, no la del aire que percibimos. Otra investigación cerca de Phoenix, en Arizona, registró a sotavento, a unos cientos de metros de las instalaciones, temperaturas del aire de media entre 0,7 y 0,9 °C superiores a las de barlovento, con un máximo de unos 2,2 °C.
El calor residual no desaparece, y los vecinos no están necesariamente libres de efectos. Pero, según este trabajo, no puede afirmarse sin matices que esas instalaciones calienten de forma notable toda la ciudad que las rodea.
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