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Ciencia·2 min de lectura

Philip, el fantasma inventado que respondió a científicos de Toronto

En los años 70, científicos de Toronto inventaron un fantasma llamado Philip. Tras recrear sesiones de espiritismo victorianas, la mesa empezó a responderles.

A group of people sitting around a wooden table in a dimly lit room during a Victorian-style séance.
Imagen: xataka.com

En los años 70, un equipo del Grupo de Investigación Parapsicológica de Toronto quiso averiguar si los fenómenos de las sesiones de espiritismo se deben a factores externos o a las propias personas que participan. Para comprobarlo, inventaron un fantasma, Philip, e intentaron hablar con él. Entonces el fantasma respondió.

Una biografía inventada

Para dar realismo al experimento, crearon una historia completa. Philip Aylesford habría sido señor de Diddington Manor en el siglo XVII, un lugar real de Inglaterra. Casado por motivos políticos con una mujer a la que no quería, se enamoró de otra. Su esposa la acusó de bruja, la amada fue ejecutada y Philip se suicidó arrojándose desde un muro.

Al principio, el grupo solo intentaba comunicarse con él, sin trucos. Como era de esperar, no ocurrió nada.

Sesiones al estilo victoriano

El cambio llegó cuando los investigadores recrearon las condiciones de las sesiones de espiritismo de la época victoriana, un periodo muy marcado por esta práctica, en el que la alta sociedad contrataba médiums para animar sus fiestas. No había ningún médium, pero se imitaron cánticos, chistes y conversaciones propias de aquellas reuniones.

Poco a poco la mesa empezó a vibrar y deslizarse, y a veces parecía levitar. Philip se comunicó con ellos: un golpe para «sí» y dos para «no».

Explicaciones en pugna

Nadie esperaba algo así. George Owen sostuvo que el experimento demostraba que cualquiera podría aprender psicoquinesis si lograba concentrar energía mental. El resto del equipo apuntó al efecto ideomotor.

Esa hipótesis procede de la era victoriana. El médico William Benjamin Carpenter planteó que ciertos pensamientos, ideas o expectativas pueden provocar movimientos musculares involuntarios, de modo que las personas sugestionadas serían quienes mueven el vaso de la ouija o hacen temblar la mesa.

La sugestión es poderosa. En la epidemia de risa de Tanganica de 1962, hasta 95 niñas de un internado sufrieron risa incontrolable durante entre unas horas y 16 días, y el fenómeno se extendió a otros colegios. Esta enfermedad psicógena masiva aparece cuando varias personas presentan síntomas sin causa aparente, a menudo ligada al estrés y la ansiedad. Combinada con el efecto ideomotor, ofrece la explicación más plausible de lo ocurrido en Toronto.

Etiquetas:philip experimentparapsychologyideomotor effecttorontomass hysteriaseance

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