Operation Ghostbusters: 830.840 estudiantes fantasma bajo sospecha
El Departamento de Justicia de EE. UU. sospecha que 830.840 cuentas de estudiantes fantasma cobraron ayudas federales. Los alumnos reales afrontan más controles.

El Departamento de Justicia de EE. UU. presentó el 29 de octubre la «Operation Ghostbusters», dirigida contra un esquema en el que estudiantes ficticios, creados con datos personales robados, se matriculaban en universidades para cobrar ayudas federales al estudio. Las autoridades han detectado 830.840 cuentas sospechosas de «estudiantes fantasma». No todas están confirmadas como fraudulentas: siguen siendo casos bajo sospecha.
Según la información difundida, los trabajos de estos falsos alumnos los escribía una IA y se contrataba a personas para aparecer ante la cámara en las clases en línea. Para no llamar la atención desapareciendo tras un semestre, las cuentas se mantenían matriculadas durante varios. El Departamento de Educación ya había señalado a los bots de IA que se hacen pasar por estudiantes como método de fraude.
El recorrido del dinero
La ayuda se paga primero a la universidad real, que descuenta la matrícula. El sobrante va a la cuenta bancaria del estudiante, que en estos casos controlaban los estafadores. Parte del dinero habría llegado a implicados en Kenia. Las pérdidas confirmadas superan los 32 millones de dólares y se estima que el total supera los 200 millones. Hasta ahora hay cinco personas acusadas.
Los estudiantes reales pagan el precio
Desde abril, el Departamento de Educación aplica una verificación de identidad en tiempo real en las solicitudes de ayuda. Si una solicitud se considera de alto riesgo, el solicitante debe mostrar su documento a la cámara del teléfono en ese momento. No sirve un portátil y el proceso no puede pausarse. Quien no tenga el documento a mano ve rechazada su solicitud y debe acudir a la oficina de la universidad.
Las solicitudes devueltas no llevan ninguna marca que distinga el fraude de un solicitante honesto atrapado en el filtro. El resultado es una paradoja: cuanto mejor imita la IA a los humanos, más esfuerzo necesitan las personas para demostrar que lo son.
Japón también lo ha vivido. Este año, un antiguo profesor de academia suplantó a su alumno en el examen de ingreso de la Universidad Kindai con una foto que fundía su rostro con el del estudiante. La imagen, hecha al parecer con una herramienta de IA del móvil, pasó los controles y logró la admisión. Se descubrió cuando un familiar notó que la cara del carné de estudiante, con la foto compuesta, no coincidía. La admisión fue anulada y en octubre llegó una sentencia condenatoria.
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